El Modelo de la Expiación de la Iglesia Primitiva
El Sacrificio de Cristo: ¿Satisfacción o Rescate? Una comparación entre dos modelos de la expiación
Introducción
Expiación: “de-una-mente.” Tal como la palabra lo implica por sus raíces etimológicas hebreas (y en inglés se ve muy claramente), es el cómo podemos estar en armonía, en unidad, en una sola mente, con Dios, al quitar la barrera entre Él y nosotros. Sea que podamos o no expresar nuestro entendimiento exacto de la expiación o no, el entendimiento que tengamos de ella afecta la manera en la que entendemos muchos conceptos, pasajes, términos y palabras clave del Nuevo Testamento relacionadas con la salvación. Aquí veremos cómo el entendimiento más popular y aceptado, conocido como “El Modelo de Satisfacción” juega un papel clave en definir la manera como los cristianos modernos entienden la salvación. Estaremos comparando eso con el menos conocido entendimiento de la iglesia primitiva, conocido como “El Modelo del Rescate” y veremos cómo ellos entendieron la salvación. Estos dos entendimientos serán comparados lado a lado.
Algunas de las cosas que veremos son: dónde se originaron ambos entendimientos, sobre qué bases o premisas se establece cada uno, y cómo algunos nuevos conceptos clave del Nuevo Pacto cambian dependiendo de qué entendimiento tengas tú. Si al leer esto encuentras que el entendimiento que tú siempre has creído ha sido probablemente bastante influenciado por el modelo de satisfacción, entonces te desafío a que, al leer esto, recuerdes que el modelo del rescate no es una nueva verdad desafiando tus antiguas ideas. Estas son verdades antiguas desafiando tus nuevas ideas.
El Origen del Modelo del Rescate
Marcos 10:45: "Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos."
1 Timoteo 2:5-6: "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo."
Esta era la creencia dominante en la iglesia cristiana primitiva. Por ellos es que también ha sido llamada el modelo “clásico” de la expiación. Fue aceptada por los líderes de la iglesia por casi un milenio, hasta el siglo doce. En la iglesia primitiva, particularmente en la obra de Orígenes (185-254 d. C.), se enseña que la muerte de Cristo fue un rescate, generalmente suponiéndose a manera de hipótesis, que había sido pagado a Satanás, en satisfacción de su justa demanda sobre las almas de la humanidad, como resultado del pecado. Orígenes escribió: “El pago no pudo haber sido [hecho] a Dios porque Dios no era el que mantenía a los pecadores cautivos en necesidad de un rescate, así que el pago tuvo que haber sido dado al diablo.”
2ª Timoteo 2: 26 dice: “… Y escapen del lazo del Diablo, en que están cautivos a voluntad de él.”
También revisa Hebreos 2:14-15.
Esencialmente, este entendimiento enseña que Adán y Eva vendieron a la humanidad al Diablo en el momento de la caída; por lo tanto, la justicia requería que Dios le pagara al Diablo un rescate para liberarnos de las garras del diablo. Una vez que el diablo aceptó la muerte de Cristo como un rescate, este entendimiento concluye que la justicia fue satisfecha y Dios fue entonces capaz de liberarnos del control de Satanás sobre nosotros.
El Modelo del Rescate Cómo este modelo satisface y agrada al Padre
La muerte de Cristo es una muerte heroica sacrificial ofrecida en obediencia, en un esfuerzo conjunto con Su Padre, de rescatar a la humanidad, de Satanás.
Como la profecía de las palabras de Dios a Satanás en Génesis 3:15: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”
Satanás entonces llega a ser el autor de la cruel muerte agonizante que Cristo sufrió, demostrando el odio que siente hacia Dios y hacia la humanidad.
Cristo vino a comprarnos de Satanás y de su reino, para Dios…
Hechos 20:23 “…la iglesia del Señor, la cual Él ganó con Su propia Sangre.”
Cristo vino a salvarnos de nosotros mismos y de Satanás.
“El Señor también se complació en librarlo de su quebrantamiento… El Señor también se agradó en sacarlo de las tribulaciones de Su alma, mostrarle luz, y formarlo con entendimiento; justificar al Justo que sirve bien a muchos; y Él cargará con sus pecados.”
-Isaías 53:10-11, tomado de la Septuaginta, como aparece citada por un escritor del primer siglo, Clemente de Roma (año 95 d. C. aproximadamente), y traducido del inglés al español literalmente. (La única traducción existente de la Septuaginta, del griego al español, la de Jüneman, dice así: “Y el Señor quiere purificarle de la plaga;… quiere el Señor quitar del trabajo de su alma; mostrarle luz y plasmar con inteligencia, justificar a justo bien sirviendo a muchos; y los pecados de ellos él llevará.”)
En conclusión: Dios no se agradó con ver a Su Hijo brutalmente asesinado en la cruz, sólo por el placer que le causa el ver que Su Justicia sea satisfecha, y que la paga del pecado sea pagada. Más bien, Dios se agradó de librarlo de su aflicción. Dios se complació con la muerte de Su Hijo por causa de Su obediencia y Su disposición a ofrecerse a sí mismo como un rescate a nuestro secuestrador, para que pudiéramos ser reconciliados con Dios.
Nota: La Septuaginta era la Biblia que Cristo, los apóstoles, y los primeros cristianos usaban, y de la cual citaban. Era una traducción al griego, de un texto hebreo muy antiguo, bastante semejante al descubierto en los rollos del Mar Muerto, más antiguo que el texto masorético, que es el usado para hacer las traducciones modernas de la Biblia, desde la Reforma, hasta ahora.
El Modelo del Rescate a la luz de la parábola del siervo injusto
Mateo 18:23-35
El modelo del rescate no identifica a la necesidad de Dios de ver o recibir un sacrificio para apaciguar Su Ira como un problema.
“Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda.
Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.”
El modelo del rescate ve a Dios como Alguien que está dispuesto y que es capaz de perdonar la deuda, aún cuando nadie se la pague.
“Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?”
Notemos qué condiciones impuso el Rey sobre su siervo para que el siervo pudiera ser perdonado: Él esperaba que su siervo fuera como Él es.
“Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. 18:35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.”
1. El modelo de satisfacción ve a Dios el Padre (representado en esta parábola, por el rey), como Alguien lleno de compasión y misericordia, que está dispuesto a perdonar, aún cuando la justicia no sea satisfecha.
2. Este entendimiento hace que el perdón sea condicional, porque está en el poder del Rey revocar el don, y ciertamente lo hará si es necesario.
El modelo del rescate identifica dos problemas con el pecado del hombre:
1. La rebelión voluntaria del hombre, contra Dios. El hombre nace con un libre albedrío y puede elegir la salvación de Dios por medio de responder a Sus justas demandas sobre su vida, o rechazarla por medio de la desobediencia.
Isaías1:19-20 “Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho.”
La solución: La obediencia… Cristo nos dio mandamientos. El problema es resuelto con las instrucciones que Él nos dio acerca de cómo separarnos de Satanás y de su reino, para pertenecer al Reino de Dios.
2ª Corintios 6:17-18: “Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.”
Esto hace que la obediencia a los mandamientos de Cristo sea una parte esencial de la solución de este problema. Esos mandamientos nos enseñan cómo salir de un reino (el de Satanás) e ingresar al otro (el de Dios). Esos mandamientos son el evangelio del Reino, esencial para la salvación.
2. La pertenencia del hombre a Satanás. Mateo 12:29: “Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa.”
El hombre tiene que escapar del reino de Satanás para poder ser perdonado. El hombre necesita ser reconciliado con Dios. Esto ataca el problema como un asunto en la parte del hombre.
La solución:
-El hombre es el que tiene que cambiar, no Dios.
-Cuando Cristo murió en la cruz, pagó por nuestra libertad, pues Su Sangre nos limpia de todo pecado. Así la libertad se puede obtener a través de seguir los mandamientos de Cristo.
Romanos 5:8: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
Este versículo significa que cuando aún éramos pecadores, Cristo ya hizo Su parte en libertar al hombre de Satanás, si el hombre quiere ser libertado. Ahora todo depende de nosotros. Si el amigo de un hombre paga el rescate al secuestrador, no le ayuda para nada al hombre, si éste decide quedarse con su secuestrador. Somos libres para obedecer de manera sencilla, volviéndonos de las tinieblas a la luz, levantándonos y siguiendo a Cristo.
El modelo Del rescate define el arrepentimiento Como…
Puesto que nuestro perdón depende totalmente de que escapemos o no de un reino que, gracias a la muerte y el sacrificio de Cristo, ya no tiene ningún derecho sobre nosotros,… la obediencia es necesaria. El Espíritu Santo de Dios y Su Poder para andar en santidad son automáticamente dados a nosotros tan pronto como empezamos a obedecerlo.
Hechos 5:32: “Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.”
John 14:15-16: “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.”
John 14:21 y 23: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él… Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.”
Entonces nadie que sencillamente decide levantarse y empezar a seguir a Cristo por medio de hacer todo lo que Él nos enseñó, debe de preocuparse de que… ¿Qué tal si lo está haciendo en sus propias fuerzas? Más bien como dice en 1a Juan1:7: “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.”
Como Cristo le dijo a Pablo en Hechos 26:17-18: “librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.”
El sencillamente caminar en la luz de los mandamientos de Cristo, oyendo Su Palabra, nos habilita para recibir la limpieza de Su Sangre…
Así que no tenemos que preocuparnos acerca de si hemos creído o no en nuestros corazones, lo suficientemente fuerte, como para ser perdonados por Dios.
No tenemos que preocuparnos por si tal vez no imaginamos a Cristo muriendo en la cruz exactamente de la manera correcta. El arrepentimiento se define como la acción misma de obedecer a Dios, en vez de desobedecerle. Es decir, seguir a Cristo, en vez de seguir a nuestra propia voluntad. El arrepentimiento así entendido es la acción de obedecer un mandamiento que antes desobedecíamos.
El Origen del Modelo de Satisfacción
Anselmo de Canterbury, arzobispo católico de Canterbury, Inglaterra, del siglo 11, fue el primero en expresar su entendimiento de satisfacción en su obra Cur Deus Homo. El entendimiento entonces popular del modelo del rescate para la expiación, decía que Cristo pagó un rescate a Satanás, para que así Dios pudiera rescatar a los que estaban bajo la esclavitud de Satanás. Anselmo argumentó, en contra de este entendimiento, que Satanás, siendo un rebelde y un bandido, jamás pudo haber tenido un control y reclamo legítimo sobre los humanos.
Proveniente principalmente de las obras de Anselmo de Canterbury, la teoría de la satisfacción enseña esencialmente que Cristo sufrió como Sustituto en beneficio de la humanidad, satisfaciendo las demandas del honor de Dios. Anselmo veía su teoría de la satisfacción como una mejora, distinta de la teoría antigua del rescate, acerca de la expiación. La teoría de Anselmo fue la precursora de las refinadas teorías de Tomás de Aquino y de Juan Calvino, que introducen la idea de un castigo sobre Cristo, para satisfacer las demandas de la perfecta justicia divina. Los desarrollos posteriores de Tomás de Aquino, de esta teoría, concluían que el castigo es una respuesta moralmente buena hacia el pecado. “Cristo llevó un castigo satisfactorio, no por Sus pecados, sino por los nuestros, y la sustitución por el pecado de otro es completamente posible.” Juan Calvino expandió aún más estas ideas. Él usó versículos como Romanos 6:23 (“Porque la paga del pecado es muerte; mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor Nuestro”) para declarar que Cristo fue nuestro Sustituto, quien llevó la paga de nuestro pecado: la muerte; satisfaciendo así las demandas de la justicia, y apaciguando la Ira de Dios contra los hombres, para que de esa manera Dios pudiera mostrar Su gracia a los hombres.
Esta teoría ha ejercido influencia inmensa sobre las doctrinas en las Iglesias, proveyendo la base para el concepto católico romano de la tesorería de méritos (obras de supererogación), y la doctrina evangélica de la sustitución penal, desarrollada por Juan Calvino. La filosofía de Anselmo es muy diferente del punto de vista antiguo, en la medida en que se enfoca en una competencia entre la bondad y la severidad de Dios, antes que enfocarse en una lucha entre Dios y Satanás.
El Modelo de Satisfacción Cómo este modelo satisface y agrada al Padre
La muerte de Cristo es entonces un sacrificio ritualista ofrecido a Dios, muy similar a los sacrificios paganos ofrecidos para apaciguar a un dios pagano enojado.
La profecía de las palabras de Dios a Satanás tendrían que ser cambiadas, de tal manera que Génesis 3:15 debería decir: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y Yo le heriré en el calcañar.”
Dios el Padre entonces llega a ser el Autor de una cruel muerte agonizante que sirve como el pago perfecto por el pecado cometido.
Cristo vino a comprarnos de Dios, para Dios…
Hechos 20:23 no cabe muy bien aquí: “…la iglesia del Señor, la cual Él ganó con Su propia Sangre.”
Cristo vino a salvarnos de Dios.
Isaías 53:10-11: “Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. ... Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.”
Tomado de la Versión Reina Valera, que fue traducida del texto masorético, un texto hebreo del Antiguo Testamento, del que ni Cristo, ni los apóstoles, ni los primeros cristianos, citaron jamás, y que actualmente usan los judíos para desacreditar a Cristo como Mesías.
En conclusión: Dios queda satisfecho al ver a Alguien Justo sufrir la justicia de Su Ira como paga por el pecado, para así reconciliarse Él con la humanidad, por medio del sufrimiento de Su Hijo.
(Nota: Cuando Cristo cita del Antiguo Testamento, por ejemplo en Mateo 21: 16, “…Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?” Nota cómo el Salmo 8:2 dice en tu antiguo testamento: “De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza,…” Este no es el único ejemplo que muestra que los escritores del Nuevo Testamento leían un texto del Antiguo Testamento diferente del que tenemos ahora. Ve también por ejemplo, Hebreos 10:5-6, Salmo 40:6, etc.… Se pueden dar muchos ejemplos más.)
El Modelo de Satisfacción a la luz de la parábola del siervo injusto.
Mateo 18:23-35
El entendimiento de la satisfacción identifica como el problema principal, la incapacidad de Dios de perdonar nuestra deuda del pecado, a menos que se haga un pago completo.
“El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.”
(Aquí se ve que nadie le pagó la deuda al señor; ni siquiera el mismo señor, o el hijo del señor la pagaron, y aún así él perdonó.)
Puesto que el modelo de satisfacción dice que Dios no puede perdonar sino sólo hasta que haya un pago completo por el pecado, para que esta parábola correspondiera con ese modelo, el hijo del rey tendría que pagar la deuda del siervo para que el rey pudiera perdonarlo.
Si este fuera el caso, el rey ya no diría: “Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste.” Sino que más bien tendría que decir: “Toda aquella deuda te perdoné porque mi hijo la pagó en tu lugar, por lo tanto (aunque ahora tú no perdonaste y fuiste malvado), jamás puedes perder tu perdón.”
En este caso, el rey no sería entonces capaz de restablecer la deuda, entregando al siervo malvado a la prisión.
Contrario a lo que Cristo enseñó en esta parábola, este entendimiento de perdón incondicional, gracias al pago del Hijo, necesariamente nos llevaría a la doctrina de “Una vez salvo, siempre salvo,” por causa del siguiente razonamiento:
1. Dios no puede perdonar al hombre, a menos que se haga un pago completo por el pecado del hombre. La actitud de Dios es la que tiene que cambiar.
2. El sacrificio de Cristo constituye ese pago completo a Dios, permitiéndole entonces perdonar.
3. Dios no puede reincorporar o volver a reclamarnos deuda alguna (pues ya fue toda pagada), no importa lo que hagamos.
Siendo esto así, el perdón llega a ser incondicional, y algo que jamás puede perderse ni quitarse.
El modelo del rescate identifica dos problemas con el pecado del hombre:
1. El hombre es pecador por naturaleza. Basado en la creencia de que el hombre nace con el pecado original, o de que posee una naturaleza pecaminosa inherente como resultado de la caída, se sigue que el hombre está totalmente depravado e incapaz de responder a las justas demandas en su vida. Por lo tanto lo único que el hombre puede hacer es decir: “Soy un pecador. No puedo evitarlo. Así soy, y no puedo dejar de serlo por mí mismo.”
La solución: La justicia imputada, recibida por medio del sacrificio de Cristo. Puesto que el pecado se ve como algo que se nos imputa al momento de nacer, por medio del pecado original, así también la justicia, por la misma razón, nos tiene que ser imputada por medio del Sacrificio de Cristo. La justicia imputada es la doctrina que dice que un pecador es declarado justo por Dios sólo por la gracia de Dios, sin mérito alguno personal del pecador.
Esto hace que los mandamientos de Cristo no sean esenciales, sino secundarios, porque la justicia no depende de que en la práctica y en la realidad seamos justos, sino que sólo depende de que Dios nos vea justos cuando Él ve el Sacrificio de Su Hijo.
2. La inhabilidad de Dios para perdonar, por causa de la justicia requerida. Puesto que el hombre es pecador por naturaleza y Dios no va a ayudarlo, porque no puede perdonarlo, el hombre no puede cambiar.
Siendo esto así, el hombre tiene que ser perdonado para después poder escapar del reino de Satanás. Esto ataca el problema como un asunto en la parte de Dios.
O sea, Cristo vino a cambiar a Dios, a reconciliar a Dios con el hombre.
La solución:
-Dios es el que tiene que cambiar, no el hombre.
-Cuando Cristo murió en la cruz, la actitud de Dios cambió porque el sacrificio de Cristo lo satisface y apacigua, para así reconciliar a Dios con el hombre pecador.
Romanos 5:8: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
Este versículo significaría entonces que todavía éramos pecadores cuando Cristo nos salvó. El evangelio del reino se reduce a solo esto: Lo que Cristo tenía que hacer era venir y morir en la cruz; por lo tanto no necesitaba decir ni siquiera una palabra. Es por eso que la mayoría de los cristianos profesantes viven su vida como si Cristo no hubiera dado ninguna enseñanza de cómo debemos vivir. Lo único importante que hizo por nosotros fue morir en la cruz.
El modelo de satisfacción define el arrepentimiento Como…
Puesto que nuestro perdón sólo depende de que el favor de Dios nos sea mostrado a través de la justicia imputada de Cristo,… La obediencia es secundaria. La obediencia no es posible, sino solo hasta que se nos den el Espíritu y el poder de Dios. Esto resulta en un evangelio al revés:
Hechos 5:32 debería decir: “Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios, para que podamos obedecerle.”
John 14:15-16 debería decir: “Si me amáis, yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, para que podáis guardar mis mandamientos.”
John 14:21 y 23 deberían decir: “… y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él, para que pueda guardar mis mandamientos… Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él, para que él pueda guardar mi palabra.”
Entonces mejor sí preocúpate por estar obedeciendo en tus propias fuerzas, porque si Dios no te ha perdonado primero, no puedes jamás obtener ayuda alguna de Él.
Entonces 1a Juan1:7 tendría que decir: “pero si la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado, entonces podremos andar en luz, como él está en luz, y tendremos comunión unos con otros.”
Y Cristo le debió de haber dicho a Pablo en Hechos 26:17-18 lo siguiente: “librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados, para que de esa manera abran sus ojos, y luego se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios.”
Entonces, si la obediencia no es el prerrequisito para obtener el perdón de los pecados y el don del Espíritu Santo, ¿cuál es el requisito?
El ser perdonado dependería entonces completamente en qué tan bien tú comprendas el sacrificio de Cristo ofrecido para Dios. Tendrías que pensar acerca de la obra de Cristo en la cruz de la manera correcta, y creer lo suficientemente fuerte y de una manera ortodoxa, que Dios ya ha sido apaciguado.
El arrepentimiento entonces se definiría como una experiencia o una oración, en la que piensas acerca de tus pecados y de la muerte de Cristo, de una manera correcta, para poder ser perdonado.
El arrepentimiento es entonces algo abstracto que ocurre en tu mente y en tu corazón, sin necesidad alguna de que conozcas ni obedezcas ni un solo mandamiento de Cristo.
Conclusion
Se podría decir muchísimo más acerca de estos dos puntos de vista de la expiación. Pero sería bueno añadir unas cuantas cosas. Exploramos ya un poquito cómo el modelo de satisfacción descansa sobre la doctrina del pecado original. Por eso es importante notar que Agustín de Hipona (354 –430 d. C.), el primero en desarrollar una doctrina que abogaba por la guerra santa, fue también el que sentó las bases perfectas por medio de las cuales el modelo de satisfacción podía edificarse. La formulación de Agustín de la doctrina del pecado original ha influenciado sustancialmente la teología católica y reformada (esto es, calvinista.) Su entendimiento del pecado y de la gracia fue desarrollado para combatir el de Pelagio. El pecado original, según Agustín, consiste en la culpa de Adán que todos los seres humanos heredan. Como pecadores, los seres humanos están completamente depravados en su naturaleza, carecen de la libertad para hacer el bien, y ni pueden jamás responder a la Voluntad de Dios sin la gracia divina, que, de acuerdo con Agustín, es una gracia irresistible, que resulta en la conversión y lleva a la perseverancia. Podemos claramente ver cómo esa creencia de que el hombre está totalmente depravado y no puede hacer absolutamente nada para siquiera dar un paso hacia la salvación, necesariamente implica que depende solo de Dios el escoger arbitrariamente quién se va a salvar y quién no. Es por eso que el entendimiento de Agustín de la predestinación descansa sobre la afirmación de que Dios ha pre ordenado desde antes de la eternidad, quiénes se salvarán. Así, Dios ha escogido a sus elegidos por pura gracia, sin mérito previo alguno (ante merita) de su parte. No debemos entonces preguntarnos por qué para el año 1100, Anselmo vio la necesidad de proponer una nueva y mejorada doctrina de la expiación, que encajara con el marco teológico que su precursor Agustín había dejado. Y no debemos tampoco preguntarnos por qué un hombre como Juan Calvino, quien hizo una obra maravillosa de envenenar a la Reforma con las doctrinas de Agustín, del pecado original y la predestinación, fue capaz de refinar aún más el modelo de satisfacción, que, como ya hemos visto, explica el tan defectuoso esquema en el que se basa el mensaje de salvación evangélico actual. En síntesis, el desarrollo fue así:
1. El pecado de Adán, incluyendo la culpa, la paga, y la depravación o naturaleza del tal, se nos ha imputado desde el nacimiento, sin necesidad de que pequemos (y aún antes de que lo hagamos.) (Desarrollado por Agustín.)
2. Nuestro, pecado, incluyendo la culpa y la paga, ahora se le imputa a Cristo por medio de la crucifixión, sin necesidad de que Él haya pecado. (Desarrollado por Anselmo, Tomás de Aquino y Juan Calvino.)
3. La justicia de Cristo se nos imputa a nosotros, sin necesidad de que hagamos siquiera un solo acto de justicia. (Desarrollado por Martín Lutero.)
No nos engañemos e imaginemos, como mucho evangélicos, que Cristo les dio mandamientos a sus seguidores, únicamente para mostrarles que jamás podían obedecerlos en sus propias fuerzas, de alguna manera dándoles una nueva revelación después de su resurrección, en la que les revelaba que sus mandamientos ahora eran secundarios, y que se le daba mayor importancia a una experiencia de salvación de un “momento de fe.” Recordemos que las primeras palabras de Cristo a Pedro, antes de su muerte y resurrección, fueron exactamente las mismas que sus últimas palabras a Pedro, después de su muerte y resurrección:
“Sígueme…” (Mateo 4:19, Juan 21:22.)
¿Lo harás tú?