A las enseñanzas de Cristo

En los evangelios, los anabaptistas hallaron las enseñanzas de Cristo, a las que los siguientes pasajes eran, para ellos, la puerta de apertura:

Mateo 4:18-22: “Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.”

Mateo 8:19-22: “Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza. Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.”

Mateo 9:9: “Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.” Mateo 16:24-25: “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.”

Lucas 14:25-27: “Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.”

Lucas 14:33: “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.”

Las enseñanzas de los Anabaptistas acerca de la salvación

Las palabras de Cristo en los evangelios, especialmente las del Sermón del Monte, eran para los anabaptistas, las seligmachende Lehre (“las enseñanzas de la salvación”–o “el plan de salvación”), a lo que el Antiguo Testamento era una introducción, y de lo que las epístolas del Nuevo Testamento daban testimonio. Los anabaptistas no consideraron con ligereza ni menospreciaron ningún libro de las Escrituras (de hecho usaron los libros apócrifos), pero para ellos los cuatro Evangelios eran la puerta de entrada al resto de la Biblia. De hecho, ellos creían que todo entendimiento de las Escrituras era un entendimiento erróneo, si no encajaba o concordaba con el ejemplo (la vida) de Cristo y con sus enseñanzas en los evangelios. Con el Cristo de los evangelios como su guía, ninguna doctrina, para los anabaptistas, parecía complicada o “profunda.” Ellos conocían la palabra alemana para “doctrina”, que es Doktrin, pero tanto el término como su connotación son absolutamente ajenos al pensamiento anabaptista, y no la usaban ordinariamente. Sólo hablaban sencillamente de Lehre (las “enseñanzas”) de Cristo (a pesar de que las traducciones al inglés traducen lehre como “doctrina”, en realidad significa enseñanza.)

Menno Simons, en su libro Un fundamento y una clara orientación a las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo, que pueden salvarte, escribió:

No tenemos una nueva enseñanza, como a la gente le gustaría hacerte creer. Enseñamos lo que fue enseñado y practicado en la iglesia hace mil quinientos años. Es la enseñanza que trajo a la iglesia a existencia, y por la que existirá hasta el fin de los tiempos.1

En otro tratado, escribió:

Hablo con segura convicción. No hablo porque haya tenido una visión del cielo o alguna revelación especial del cielo, sino que hablo por la segura Palabra de nuestro Señor. Desde lo más profundo de mi ser estoy convencido de que esta enseñanza no es nuestra propia enseñanza. Es la enseñanza de Aquel que nos envió: el Señor Jesucristo… Los que aman más las tinieblas que la luz maldicen la verdad que hallamos en los evangelios. La llaman herejía y la tratan como traición. Pero la Palabra de Dios permanecerá íntegra hasta el día final.2

Pasos para entender las enseñanzas

Después de miles de años de oscuridad, los anabaptistas redescubrieron el primer paso para entender las enseñanzas de Cristo. Ese paso es pararnos y seguirlo. Necesitamos someternos a Él (“tirarnos a sus Pies, poniéndonos debajo de Él y de su Autoridad”, literalmente en alemán decían los anabaptistas) en verdadera rendición. Si no hemos hecho esto, el estudio de las Santas Escrituras es inútil–e incluso peligroso o dañino. Leonardo Schiemer escribió antes de que lo decapitaran en 1528:

El que no ha aprendido lo que sabe de Dios, sino de los hombres, tiene una fe que no puede permanecer… Si yo tratara de enseñar a alguien que no se ha tirado a sí mismo ante Cristo para ponerse por debajo de Él, estaría an- ticipándome a Cristo, y sería un ladrón y salteador. Porque el corazón de tal hombre y el mío estarían en oscuridad. Pablo dice que el tal hombre está ajeno a la vida de Dios. Tratar de enseñar a esa persona las cosas espirituales equivale a prender velas para que el ciego vea. Aunque le alumbres, él todavía no puede ver.

El segundo paso para entender las enseñanzas de Cristo es permitir que Su Espíritu nos hable. Sólo a través del Espíritu, que Dios ha hecho “resplandecer en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2ª Corintios 4:6), podemos esperar entender los evangelios.3

“El entendimiento de la verdad no viene por el estudio humano” testificó un anabaptista ante la corte de Regensburgo, en Baviera. “Viene sólo a aquellos a quienes les es dado por gracia a través de la luz de su Espíritu.”

Antes de que lo decapitaran en Constanza en 1529, Ludwig Haetzer escribió:

El que sólo estudia las Santas Escrituras recibe conocimiento. Pero es un conocimiento inútil que no cambia a nadie. Ningún hombre, sin importar cuán preparado esté, puede entender las Escrituras Santas sino sólo hasta que venga a conocerlas y aprenderlas en la parte más profunda de su alma. Si habla acerca de las Santas Escrituras antes de que esto tenga lugar, él habla como si un ciego describiera los colores. 4

El tercer paso para entender las enseñanzas de Cristo es amarlo. Antes de su muerte en la masacre de Linz, Wolfang Brandhuber escribió: Oh, hermanos, si el amor verdadero nos falta, ¿De qué ayuda saber mucho, o hablar o enseñar? Oh, hermanos que cada hombre actúe según la verdad en su corazón, ante el rostro de Dios… Que el Padre de toda gracia les dé a los que están hambrientos, el verdadero Pan de vida y la habilidad para discernir las Santas Escrituras y la manera como están enlazados juntos, porque el Espíritu de Dios no quiere estar atado o confinado. 5

Las enseñanzas en el corazón

Para los anabaptistas, era lo mismo el obedecer a la enseñanza de su gemuth que a las enseñanzas de Cristo en las Santas Escrituras. No hacían diferencia entre la Palabra escrita en sus corazones y la Palabra de los evangelios, pero miraban a la Palabra completa de Cristo como su mayor y más alta Autoridad.

La “Palabra externa” (las Santas Escrituras escritas en papel con tinta), enseñaban los anabaptistas, es solamente como la lumbrera o lámpara (el medio) en donde brilla la verdadera Luz o Palabra de Dios (Jesús.) Ulrico Stadler, un siervo de la Palabra en Austerlitz, Moravia, escribió:

La Palabra externa es sólo una señal de la Palabra interna, como el letrero que hay afuera de una fonda, que sólo testifica del vino que hay en los odres y barriles dentro de la fonda. El letrero no es el vino. No satisface a nadie. Pero sabemos, al ver el letrero, que el vino está allí. 6 Hans Denck, quien encontró el verdadero “Vino de la Palabra Interna” cuando decidió seguir a Cristo a cualquier costo, escribió en 1525:

Cuando Cristo el Sol de Justicia nace en nuestros corazones, entonces las tinieblas de la incredulidad son vencidas por primera vez… El hombre que no oye a la voz de Dios que habla dentro de él mismo, sino que trata de explicar las Santas Escrituras por sí mismo (cosa que sólo el Espíritu es capaz de hacer) hace una total abominación de los secretos de Dios que las Escrituras contienen.7

Escondidos y protegidos detrás de la Palabra, los anabaptistas hallaron un gran tesoro–el lugar de morada de Cristo. Baltasar Hubmaier escribió antes de que lo quemaran en la estaca: Las Escrituras son el Amigo de Dios. Cristo Jesús vive en las Escrituras, y en ellas hace su morada y su descanso. 8

Poniendo en práctica las enseñanzas

Los anabaptistas hicieron lo que los niños harían con las Escrituras Santas. Las leían para ver lo que Cristo hizo y dijo, para poder imitarlo. Creían que al poner en práctica sus enseñanzas, podían agradarlo y vivir así con Él para siempre.

Menno Simons escribió:

La luz brillante del evangelio brilla otra vez en estos últimos y espantosos tiempos. El Unigénito Hijo de Dios, Jesucristo, es gloriosamente revelado. Su Palabra Santa y Su voluntad llena de Gracia concernientes a la fe, el nuevo nacimiento, el arrepentimiento, el bautismo, la cena nocturna, y todos sus ejemplos y sus enseñanzas salvadoras o salvíficas, han otra vez venido a la luz. Han venido a través de la búsqueda y la oración, a través de la acción, de la lectura, la enseñanza y la escritura… Ahora vayamos y edifiquemos su comunidad en la manera apostólica.

“Las palabras que Yo os he hablado” dijo Cristo “son espíritu y son vida” (Juan 6:63.) Los anabaptistas, al poner en práctica Sus palabras, descubrieron que esto es verdad. Menno Simons escribió en 1552:

La brillantez del sol no ha brillado ya por muchos años. El cielo y la tierra han sido como cobre y hierro. Los caudales y manantiales no han corrido, ni el rocío ha descendido de los cielos. Los hermosos árboles y los campos verdes han estado secos y se han marchitado–en un sentido espiritual. Pero en estos últimos días Dios en su amor ha abierto las ventanas de los cielos otra vez. El rocío de su Palabra ha caído sobre nosotros para que la tierra produzca ramas verdes de justicia que lleven fruto para Dios. La Palabra santa y los sacramentos de nuestro Señor han sido rescatados de las cenizas.10

¿Qué es Herejía?

Cuando los anabaptistas pusieron en práctica las enseñanzas de Cristo, fueron llamados herejes. Eso era porque la gente se había olvidado, después de mil años, lo que Cristo había hecho y dicho. Esto llevó a Menno Simons a preguntar:

¿Quiénes son los verdaderos herejes y engañadores? ¿Quienés son los que enseñan contrario a las enseñanzas de la santa iglesia? De acuerdo con el venerable Beda, la palabra hereje significa aquel que elige, escoge, o recoge… Los hombres claman en contra de nosotros, diciendo: ¡Herejes! ¡Herejes! ¡Ahóguenlos, quémenlos, mátenlos! Y esto por ninguna otra razón más que porque enseñamos una vida nueva, el bautismo sobre la confesión de fe, y el pan y el vino para todos los miembros en una comunidad irrepresnsible.11

Al identificar a los verdaderos herejes (y a los que no lo son), Menno Simons escribió:

No he enseñado otro bautismo, ni otra cena, ni otra ordenanza que la que fue ensenada por la infalible boca de nuestro Señor Jesucristo y el ejemplo de sus santos apóstoles… Pon tu confianza sólo en Cristo y en su Palabra. Pon tu confianza en la segura instrucción y práctica de sus santos apóstoles. Entones, por la gracia de Dios estarás seguro de toda falsa enseñanza y del poder del diablo. Caminarás con una mente libre delante de Dios.12

El redescubrimiento de las enseñanzas de Cristo

La historia del rey Josías que halló el libro de la ley mientras que se limpiaba el templo de Jerusalén, movía a los anabaptistas. Menno Simons escribió:

¡He aquí el Libro de la Ley, el evangelio salvador de Cristo que estuvo escondido por tantos siglos por las abominaciones del anticristo, ha sido hallado! El Libro de Cristo, por la gracia de Dios, ¡ha sido hallado otra vez! La verdad pura no adulterada ha salido a la luz… a expensas de mucha de la propiedad y de la sangre de los santos.13

Y, como en los días de Josías, el descubrimiento del Libro tuvo efectos de largo alcance. Menno Simons los describió en La Cruz de los Santos:

Dios otra vez, en estos últimos días de incredulidad y abominación ha… abierto los libros de la verdad eterna que habían estado cerrados por tantos siglos. Ha levantado a los muertos de sus tumbas. A aquellos que toda su vida habían vivido en iniquidad, Él ahora ha llamado a una vida irreprensible. Sí, Dios está llamando a las ovejas afligidas muriendo de inanición, a salir de las quijadas de los lobos rapaces. Los está guiando fuera del desierto de las enseñanzas humanas a las verdes y frescas pasturas de la montaña de Israel–al cuidado y la custodia del Pastor Eterno, Jesucristo, Aquel que las compró con su propia Sangre.14

Guiados por las apacibles enseñanzas de Cristo, los anabaptistas encontraron su camino…

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